La transformación nocturna sucede en las primeras horas del nuevo día, dejando las escamas antiguas sobre la hierba que colapsa proveniente de los hocicos de las bestias.

Los residuos yacen mientras el aura de las bestias divaga por todo el recinto, estas se encuentran estremeciendo a donde quiera que la mirada repose.

El rastro que despoja de su ser crea raíces hasta en la más pura y fina de las tierras, convirtiéndolas en orbes para su propio placer inconmensurable.

El astro surge sobre el horizonte, desintegrando las escamas y ahuyentando la sed insaciable, por lo menos hasta que su oponente resurja de la penumbra tempestuosa.

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